Indica el movimiento político creado por Juan Perón en Argentina.
Para diferenciar su movimiento de un partido político, el mismo Perón colocó siempre en evidencia el carácter compuesto del peronismo, que estaba constituido no solo por un partido político con dos ramas, masculina y femenina, sino también por dos organizaciones sindicales, además de un conjunto numeroso de otras fuerzas que confluían en el movimiento que representaba a la totalidad de los intereses nacionales.
Este movimiento es bautizado en 1948 por Perón con el nombre de Justicialismo, para referenciar su lucha por la justicia social. Fermín Chávez, historiador del peronismo, admite para el concepto definiciones desde el punto de vista de una doctrina, a partir del hecho político social, o desde lo cultural porque abarca tanto lo social como lo político y lo cultural.
El peronismo es impensable si no se observa que sucedía en 1943 y Perón no hubiese tenido espacio político si en la década del 32 al 42 en la Argentina no se hubieran dado una serie de circunstancias propicias: el fraude nuevamente se había instalado en cada elección; la gente descreía de los partidos políticos tradicionales; se descubrieron negociados; nuestro país se realineó con el imperio británico a partir del Pacto Roca-Runciman, hubo un declinar de la moralidad en el orden público, en el estado. Estos elementos se conjugaron, la gente esperaba algo nuevo, pero no se advertía entonces porqué camino iba a surgir la novedad.
Se dio el golpe de 1943, que en su primera etapa no tuvo un proyecto político sino que tenía objetivos simplemente administrativos: ordenar todo ese desorden que había y que era muy militar en su concepción.
En octubre de 1943 apareció en escena el coronel Juan Perón al frente del Departamento Nacional de Trabajo -que era una dependencia del Ministerio del Interior que no cumplía función social alguna sino que llevaba las estadísticas del mundo del trabajo, pero no intervenía cuando había conflictos. Un mes después, a fines de noviembre, creó la Secretaría de Trabajo y Previsión, se puso al frente de este organismo el 2 de diciembre del 43 y anunció el comienzo de la era de la política social en la Argentina.
Perón convocó a los grandes sindicatos, que estaban manejados por los socialistas y anarquistas algunos, y por los comunistas otros. Convocó a todos los sectores, los escuchó y expuso su pensamiento sobre la justicia social en la Argentina. Este proceso comenzó en diciembre del 43 y se extendió durante todo el 44 y parte del 45.
En 1945, acontecimientos internacionales modifican la realidad. Al finalizar la segunda Guerra Mundial, los países vencedores se repartieron el mundo en Yalta. El embajador norteamericano Spruille Braden intentó seducir al entonces Secretario de Trabajo y Previsión para que se integrara a la estrategia de los Estados Unidos frente a la Unión Soviética. Al no lograrlo se produjo un profundo distanciamiento. Braden se dedicó a conformar una fuerza opositora a Perón. En julio de ese año, un pequeño grupo de la Unión Cívica Radical, Junta Renovadora, se acerca a Perón y es la primera agrupación en proclamarlo candidato. Los hechos se precipitaron e incluso por desinteligencias entre las Fuerzas Armadas, el 9 de octubre del 45 le fue pedida la renuncia a Perón. Para entonces, el líder ocupaba tres cargos: era Vicepresidente de la Nación, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo. Renuncia a los tres, y los acontecimientos que desembocan en el apoyo masivo del 17 de octubre van a confirmar que el proyecto de Perón era posible.
A pesar de que no tenía partido, la clase obrera, el partido laborista, la UCR-Junta Renovadora, y un tercer grupo que se llamó "Centros Independientes Coronel Perón" apoyaron la campaña para la presidencia del Coronel y el 24 de febrero del 46 fue elegido presidente. Con respecto al 17 de octubre, fecha que marcó el nacimiento simbólico del justicialismo, este comenzó a gestarse días antes, cuando la destitución del funcionario comenzó a generar señales de inquietud y descontento entre los trabajadores.
Al aproximarse el fin de semana del 13 al 14 cundieron rumores acerca de una huelga nacional en apoyo a Perón. Sobre la participación de los obreros de la carne en los acontecimientos, debemos considerar el auge de las exportaciones de carne que acompañaron a la segunda Guerra Mundial, y la estrecha relación que Perón mantuvo con los obreros de los frigoríficos y su incipiente Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne de Berisso. El líder de los obreros de Berisso, Cipriano Reyes, recordaba que los dirigentes sindicales debieron contener a las bases para que no se lanzaran a la huelga antes del fin de semana del 13 y 14 de octubre. A las noticias de paros y mitines obreros provenientes de los barrios proletarios del sur del Gran Buenos Aires y otros situados en la Capital Federal se le unió la novedad del alzamiento de los obreros de los ingenios azucareros tucumanos.
Al alborear el día 17 comenzaron a instalarse los primeros piquetes en los principales puntos de acceso, y los grupos obreros comenzaban a movilizarse para dar nacimiento a ese hecho fundacional que rescata a Perón y que marca el nacimiento del peronismo de la mano de los obreros, de los marginados, de los más humildes. Las distintas ópticas con que los historiadores argentinos han relatado estos hechos constituyen una demostración de que junto al peronismo surge la tendencia de quienes se le oponen: el antiperonismo.
El pensamiento justicialista es una creación de Juan Domingo Perón. Para una comprensión más acabada de su génesis es preciso repasar la historia de la formación intelectual de su creador. Perón ingresó en el Colegio Militar de la Nación en 1910, después de haber cursado tres años del secundario en el Colegio Internacional Politécnico de Buenos Aires y el primario en el Colegio Internacional de Olivos. Antes, había vivido buena parte de su infancia en el campo bonaerense y en la Patagonia. El Nuevo Testamento, El Martín Fierro, Cartas de Lord Chesterfied a su Hijo Lord Carnavon, Historia Universal de César Cantú y Vidas Paralelas de Grandes Hombres de Grecia y Roma de Plutarco, fueron algunos de los libros que ocuparon su atención.
Incorporado al ejército, el joven oficial exhibió una conducta que se diferenciaba del proceder tradicional del ejército. Las mediaciones en rebeliones obreras, las tareas educativas que el Ejército le encomendó, fueron conformando un perfil que lo ubicó entre los intelectuales de la fuerza. Cabe señalar que de todas sus misiones, Perón dejó testimonio a través de informes, escritos o conferencias, todos ellos editados por el Ejército. Algunos de los textos que escribió antes de incursionar en la política fueron: Moral Militar, Higiene Militar, Apuntes de Historia Militar, Campaña del Alto Perú 1812-1814, el Frente Oriental en la Guerra de 1914, La Guerra Ruso-Japonesa, Toponimia Patagónica de la Etimología Araucana, La Idea Estratégica y la Idea Operativa de San Martín en la Campaña de los Andes, La Patagonia, Pasado, Presente y Porvenir, Las Operaciones en 1870: Guerra Franco-Prusiana, entre otros. La misión a Europa de 1938 con base en Italia tuvo también su influencia en Perón. Allí tomó contacto con los modelos reformistas europeos del capitalismo y los vio operar en la realidad, a la vez que observó otro fenómeno político nuevo que lo marcó definitivamente: el liderazgo de base popular, construido como una relación directa del conductor con el pueblo, por encima de las estructuras orgánicas militares.
Perón entendía la historia como una evolución que, desde la Creación, lleva al hombre a construir sucesivas y cada vez mayores integraciones. Considera que "el mundo nunca ha sido estático, sino que siempre he estado en evolución permanente y las revoluciones son parte de esa evolución". Ubica a la evolución como "obra de la naturaleza y del fatalismo histórico; a las revoluciones como los cambios estructurales necesarios que se practican para ponerse de acuerdo con la evolución de la humanidad, que es la que rige todos los cambios que han de realizarse; y a los hombres dentro de la historia como "agentes que crean sistemas para servir a esa evolución y colocarse dentro de ella". Refiriéndose a su propia acción política precisó al respecto: "la revolución que nosotros postulamos no es una causa, sino un efecto de esa revolución, que nosotros debemos poner al día a través de sistemas". La evolución que toma en cuenta el peronismo no es la evolución darwiniana de las especies, sino que es una evolución que reconoce a la Creación como una obra de Dios y coloca al hombre en una clara dimensión espiritual. "Desde que el hombre comenzó a tener sentido como habitante de la Tierra, todas las evoluciones se han hecho hacia integraciones mayores: la primera fue la familia; después vino la tribu, reunión mayor; luego vino el estado primitivo; mas tarde la ciudad; después vino el estado feudal; luego vino la nacionalidad, las naciones; ahora vienen los continentes integrados, el continentalismo; y es muy probable que, siguiendo esta escala de dimensiones, lleguemos pronto al universalismo, es decir, a la integración total de los habitantes de la tierra".
La doctrina social de la iglesia Católica fue el principal pensamiento sistemático que alimentó en Perón el nacimiento de una reflexión política y social más allá de lo estrictamente militar. La Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII dada a conocer en 1891 sentó las bases de la doctrina social. Aunque en documentos anteriores se realizaba una observación crítica, es en este texto donde se expresaron las consecuencias negativas del capitalismo liberal de la primera revolución industrial y se defendió la legitimidad de la sindicalización obrera y de la lucha de los trabajadores por mejores condiciones de trabajo. Este pensamiento fue retomado y profundizado en 1931 por la encíclica Quadragesimo Annus del Papa Pio XI. En ella se ratificó la concepción reformista cristiana como solución no-comunista de la crisis mundial que estalló en 1929 y que puso en duda la viabilidad del capitalismo. Esta Encíclica dice expresamente que el Estado no debe ser neutral, que allí donde hay un conflicto social, donde existe desorden producido por algún enfrentamiento entre el capital y el trabajo, el estado debe acudir y reimplantar el equilibrio y la justicia. Este rol del estado se define como principio de subsidiaridad.
Los proyectos que implementó Perón desde los comienzos de su labor política y social partían de una ideología que está tomada literalmente de la Encíclica Quadragésimo Anno, de 1931. En 1936 llega a la Argentina el pensador francés católico Jacques Maritain, impulsor de la reivindicación de la clase trabajadora. Maritain sostenía que la clase trabajadora es la última reserva de la historia, definición que Perón también hizo propia.
El peronismo nació como movimiento social porque en el estado de derecho liberal burgués anterior lo social no entraba. Surgió para rescatar lo social, y la política fue solo un instrumento. El pensamiento social, la defensa de un papel más activo de los sindicatos en la sociedad y la necesidad de reformar las relaciones laborales en beneficio de los trabajadores para equilibrar el poder de los empresarios, la importancia de implementar la ayuda social a los más postergados, fueron los elementos fundacionales de este movimiento que incorporó a la sociedad de derecho a los obreros y posteriormente a la mujer, al otorgarle el derecho al voto.
Los objetivos permanentes del justicialismo son la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación. El justicialismo es una filosofía de vida, simple, profundamente nacional, popular humanista y cristiana, que fijará tres banderas doctrinales: la Justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, para lograr los objetivos permanentes del Movimiento: la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación.
Al decir filosofía de vida, nos está indicando que se trata de un sistema de pensamiento con sus valores y categorías, con su propia concepción del hombre, de la familia, del Estado, de la Libertad, de la Justicia, del Trabajo, de la Economía, de la organización social y política del Pueblo; y de una propia visualización del Mundo y sus relaciones. Al tratarse de una filosofía de vida popular y nacional, indica que se inspira en la experiencia propia del pueblo argentino en su búsqueda de afirmación de su proyecto como Nación. Y es también humanista y cristiano.
El Justicialismo parte de un humanismo cristiano; cree en un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios; en un ser portador de valores trascendentes y con una inmanente dignidad, acorde a la concepción religiosa que ha definido y caracterizado a nuestra cultura nacional. Este nuevo sistema de pensamiento profundamente nacional, popular, humanista y cristiano, ofrecería a nuestro Pueblo tres banderas doctrinales que representaban, a su vez, aquella síntesis de lo social y lo nacional que encarnó el peronismo desde su nacimiento. En efecto, las célebres banderas Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, representan las reivindicaciones que signaron las primeras cuatro décadas del siglo XX en la Argentina, unidas por primera vez en un haz sintetizador.
La Justicia Social orienta la solución de la problemática social derivada de la explotación del hombre por el hombre, pero fuera del esquema de la lucha de clases y del internacionalismo que planteaba el socialismo.
La Independencia Económica y la Soberanía Política, son banderas que representan la reivindicación nacionalista frente a la dependencia que sufría nuestro país frente al imperialismo y que viabilizaban la Liberación Nacional reclamada, sin endiosamientos al Estado, como planteaba el fascismo, o a razas superiores como había pretendido el nazismo.
Cuando surge el peronismo, el mundo parecía dogmáticamente alineado en dos bandos: las democracias liberales de desarrollo capitalista, por una parte y los socialismos de economías centralmente planificadas, por otra.
Esta nueva concepción filosófica y doctrinal proponía una visión geopolítica diferenciada, a partir de la revalorización del protagonismo histórico de los pueblos en sus luchas por la liberación nacional, de toda forma de imperialismo, y de viejas o nuevas formas del colonialismo.
Perón levantaría al justicialismo como la Tercera Posición internacional; no como una posición a mitad de camino de ambos sino, por el contrario, como una propuesta superadora de los antagonismos ideológicos, a partir de una nueva concepción que realizaba en la práctica, con la legitimidad del apoyo mayoritario del pueblo argentino, los sueños de justicia, Libertad y Dignidad de todos los pueblos del mundo.
La Tercera Posición, o justicialismo, pretende la armonización de los derechos del individuo con los de la comunidad, con la intencionalidad de obtener la realización del hombre a partir de posibilitarle la efectiva práctica de las virtudes y no, simplemente, dándole más bienes materiales.
El justicialismo implica una preocupación ética y moral. Para lograr un hombre virtuoso en una sociedad virtuosa, será menester asegurar a todos, la posibilidad de practicar aquellas virtudes que lo perfeccionen moralmente. Y ello es posible sólo si se lo libera de aquellas ataduras materiales que le coartan la libertad, indispensable para que exista la responsabilidad que consienta la virtud del acto que practica. El desafío de organizar una fuerza política exigió a Perón la formulación de una teoría de la conducción política y de la organización política. Recreando sus conocimientos de conducción y oganización militar, dio vida al movimiento.
Ya en el exilio, después de 1955, Perón continuó actualizando la doctrina justicialista a la evolución de los tiempos. Desde Madrid pudo seguir el proceso de recuperación de Europa occidental, el desarrollo de la Guerra Fría, y el contexto mundial en general. Durante los dieciocho años que estuvo fuera de la Argentina, se sucedieron muchos de los hechos que el líder había anticipado: el avance del irreversible del proceso de integración económica de Europa occidental, dirigido en el mismo sentido que el proceso de unión propuesto por él al Brasil de Getulio Vargas y al Chile del General Ibáñez en 1950. Fue el primer dirigente latinoamericano en alertar sobre la importancia de la ecología e integró este fundamental aspecto a la concepción justicialista. Esto ocurrió en 1972 con motivo de realizarse en Estocolmo, Suecia, la Primera Conferencia Mundial sobre el medio Ambiente, con el auspicio de las Naciones Unidas.
Nuevamente en su Patria, reivindicado ante la historia con el ejercicio de su tercer mandato presidencial constitucional en 1973, Perón actualizó la doctrina justicialista. El documento que expresa su visión más actualizada de la Argentina y su futuro no fue oficialmente publicado, pero trascendió luego de su fallecimiento con el título Modelo Argentino para el proyecto Nacional. Dice Antonio Cafiero en su libro "El peronismo que viene": el peronismo que viene deberá resignificar la lucha por la idea y rechazar la noción de que lo único que cuenta en política son las actitudes pragmáticas, desvinculadas de cualquier clase de connotaciones éticas o valorativas.
La esencia misma de la política, al decir de Paul Valéry, implica siempre alguna idea del hombre y del espíritu, y una representación del mundo. Y no son pocas las voces que vienen previniendo acerca de los peligros que encierra el paulatino empobrecimiento de la política cuando se la confina al marco de una cultura pragmática que ha perdido el sentido de búsqueda de la verdad, de la idea y de los valores superiores. "Hay que observar que si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentadas fácilmente para fines de poder". "Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia", dice Juan Pablo II en la Encíclica Centessimus Annus.
Fuentes:
Flores, Héctor A. El peronismo justicialista, Instituto Superior de Conducción Política, 1999.
Perón, Juan Domingo. Conducción Política, Escuela Superior de Conducción Política, 1952.
Carlos Barbé. Diccionario Político.
Los siguientes autores fueron tenidos en cuenta para esta elaboración a través de sus libros, declaraciones y artículos periodísticos publicados: Fermín Chávez, Enrique Pavón Pereyra, Jorge Bolívar, Antonio Cafiero, René Orsi, Mario Bertolotti.